El Gobierno de Jujuy, a través de su Ministerio de Ambiente y el Centro de Atención de la Fauna Autóctona de Jujuy (CAFAJu), ha reafirmado su compromiso con la biodiversidad mediante dos acciones clave y casi simultáneas: la liberación de varios animales silvestres rehabilitados y el avance de un ambicioso plan para reintroducir al tapir, una especie clave, en el corazón de las Yungas, demostrando una política ambiental integral que abarca desde el rescate individual hasta la restauración de ecosistemas.
La acción inmediata: Una nueva oportunidad para la fauna rescatada

La conservación de la biodiversidad es una tarea compleja que se libra en múltiples frentes. Mientras los grandes proyectos de restauración de ecosistemas capturan la imaginación y definen el futuro, el pilar fundamental de cualquier política ambiental sólida reside en su capacidad de respuesta diaria. En Jujuy, esta respuesta tiene un nombre y un lugar: el CAFAJu. El trabajo de rescate, rehabilitación y liberación de animales individuales es la manifestación más directa y tangible del compromiso provincial con su fauna autóctona. Cada animal devuelto a su hábitat no es solo una victoria biológica, sino también un poderoso mensaje a la comunidad: la vida silvestre tiene valor, su protección es una responsabilidad compartida y las instituciones están activamente trabajando para enmendar el daño causado por la actividad humana.
El pasado 3 de noviembre de 2025, esta política se materializó una vez más. Bajo la supervisión de la ministra de Ambiente y Cambio Climático, María Inés Zigarán, junto a la secretaria de Biodiversidad y Desarrollo Sustentable, Ana Rodríguez, y la directora de Biodiversidad y Áreas Protegidas, Malvina Quintana, el CAFAJu procedió a la liberación de un grupo de animales que habían completado exitosamente su proceso de recuperación.
Este evento subraya la importancia de la colaboración ciudadana e interinstitucional, un factor clave en la cadena de conservación. Los ejemplares que recuperaron su libertad fueron:
- Cinco loros habladores (Amazona aestiva): Estas aves, a menudo víctimas del tráfico ilegal para el mascotismo, fueron rehabilitadas tras ser entregadas por el Departamento de Zoonosis de la Municipalidad de La Mendieta.
- Un quirquincho bolita (Tolypeutes mataco): Especie emblemática y vulnerable, este individuo fue hallado por vecinos conscientes del barrio Ciudad de Nieva, quienes actuaron correctamente al dar aviso a las autoridades.
- Una boa lampalagua (Boa constrictor occidentalis): Este imponente reptil fue rescatado por el cuerpo de Bomberos de Ciudad Perico, demostrando la coordinación entre diferentes organismos del estado para la protección de la fauna autóctona.

La liberación de un animal silvestre no es un acto improvisado, sino la culminación de un proceso riguroso y meticuloso. El equipo técnico del CAFAJu opera bajo un protocolo que combina «conocimiento científico, compromiso ético y profundo respeto por la vida silvestre». Antes de que cualquier ejemplar sea considerado para su reinserción, debe recibir el alta médica y biológica completa. Esto implica no solo la curación de heridas físicas, sino también la confirmación de que el animal conserva los instintos y comportamientos necesarios para sobrevivir por sí mismo en la naturaleza. Este compromiso asegura que solo los animales en estado óptimo regresen a su entorno, contribuyendo de manera efectiva a la salud de las poblaciones silvestres.
Este trabajo diario de atención individual, aunque fundamental, es una pieza de un rompecabezas mucho más grande. Cada animal liberado es un paso hacia la estabilización de sus poblaciones, pero la verdadera conservación a largo plazo exige abordar la salud del hábitat en su totalidad. Es en este punto donde la visión de Jujuy se expande, conectando el rescate puntual con la restauración de ecosistemas a gran escala, un esfuerzo monumental cuyo máximo exponente es el proyecto para el regreso del tapir.
Un proyecto insignia: El retorno del Tapir, arquitecto de las Yungas

Si la liberación de animales rehabilitados representa la respuesta táctica y constante, el «Plan de Suplementación de Tapires» es la gran apuesta estratégica de Jujuy en materia de conservación. Esta iniciativa trasciende la protección de una sola especie; su ambición es restaurar la funcionalidad misma de uno de los ecosistemas más vitales de Argentina: las Yungas. El tapir (Tapirus terrestris), declarado Monumento Natural Provincial por Ley N° 6332, no es solo un animal emblemático, sino un «arquitecto del ecosistema». Su reintroducción busca reactivar procesos ecológicos esenciales que se han visto degradados, demostrando una comprensión profunda de que para salvar las partes, primero hay que asegurar la integridad del todo.
El corazón de este proyecto pionero late al ritmo de dos individuos: Bartolo y Killa. Bartolo, un joven tapir amazónico nacido en libertad en los Esteros del Iberá, representa la esperanza de un nuevo comienzo. A su llegada al CAFAJu, fue presentado a Killa, una hembra de la misma especie rehabilitada localmente. Su encuentro, cuidadosamente gestionado en un recinto especial, marca el inicio de una «acción inédita en el país».
La unión de Bartolo y Killa no es solo el primer paso para formar una nueva familia de tapires, sino el símbolo de una estrategia de conservación que combina la recuperación de individuos locales con el refuerzo genético de otras regiones para construir una población más resiliente.
Devolver una especie de gran tamaño a un ecosistema del que ha estado parcialmente ausente es una ciencia exacta que no deja lugar a la improvisación. El plan de suplementación ha sido diseñado en etapas progresivas para maximizar las probabilidades de éxito y garantizar el bienestar animal:
- Adaptación inicial: Bartolo y Killa se encuentran en el CAFAJu, donde iniciaron la consociación en un ambiente especialmente acondicionado y bajo supervisión veterinaria.
- Aclimatación en corral de pre suelta: Una vez completada esta etapa, ambos tapires serán trasladados a un gran corral en plena selva de Yungas, donde recibirán suplementación de alimento y agua y se habituarán progresivamente al entorno natural.
- Suelta blanda y monitoreo: Con el corral abierto al ambiente, los tapires saldrán por decisión propia. Llevarán collares satelitales para monitorear sus desplazamientos y bienestar, con seguimiento técnico continuo.
- Consolidación poblacional: El objetivo final es que, ya en libertad, la pareja contribuya al refuerzo poblacional del tapir en la región y siente las bases para futuras suplementaciones.
La escala y complejidad de este proyecto serían inabordables para una sola entidad. Su viabilidad descansa en una robusta alianza que conjuga el esfuerzo de organizaciones públicas y privadas, locales y nacionales. La articulación técnica y científica es un modelo de cooperación para la conservación en Argentina. La lista de socios demuestra el nivel de compromiso y la diversidad de experticias involucradas: el Ministerio de Ambiente y Cambio Climático de Jujuy como ente rector, la Fundación Franz Weber, el Ecoparque de Buenos Aires dependiente de la Subsecretaría de Ambiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, la Fundación Rewilding Argentina, el área protegida privada de Jujuy Ecoportal de Piedra y la Fundación ProYungas.
El viaje de Bartolo y Killa depende enteramente de la salud y resiliencia del ecosistema al que regresan. Pero, ¿qué hace a las Yungas un escenario tan crucial no solo para este proyecto, sino para el futuro de toda la región noroeste de Argentina?
El escenario: La importancia vital de las Yungas y sus especies clave

Las acciones de conservación, por más espectaculares que sean, carecen de sentido si no se comprende el contexto ecológico que las motiva. Liberar un quirquincho o reintroducir un tapir son actos que responden a una necesidad profunda: la de proteger y restaurar los ecosistemas que sustentan toda la vida, incluida la humana. Conectar a la fauna autóctona con la salud del paisaje es fundamental para entender que la protección de la biodiversidad no es un lujo, sino una necesidad estratégica para el bienestar de la provincia.
Las Yungas no son simplemente una selva; son el motor hídrico de la región. Esta ecorregión de selvas montanas, a menudo envuelta en nubes, funciona como una auténtica «fábrica de agua». Su densa vegetación capta la humedad de las nieblas y las lluvias orográficas, agua que se infiltra lentamente en el suelo, alimentando las nacientes de ríos y arroyos, regulando los caudales y recargando los acuíferos. Conservar las Yungas es, por lo tanto, una acción directa para asegurar la provisión de agua limpia, mitigar los efectos del cambio climático y fortalecer la resiliencia climática de todo el territorio.
Dentro de este vital ecosistema, el tapir desempeña un rol insustituible. Es considerado un «arquitecto del ecosistema» porque su presencia genera condiciones que benefician a un sinnúmero de otras especies. Siendo el mayor mamífero terrestre nativo del país, su impacto es profundo. Su función más crucial es la de dispersor de semillas: al consumir frutos y desplazarse, distribuye y «siembra» semillas en sus heces, favoreciendo la regeneración y diversidad de la vegetación. Además, abre sendas y mantiene bañados y charcas que utilizan otros animales. Su retorno a las Yungas no es solo la reintroducción de un animal, sino la reactivación de un conjunto de funciones ecológicas que han estado debilitadas, un paso fundamental para restaurar la salud integral de la selva nublada.
Un proyecto de esta magnitud solo puede ser sostenible si cuenta con el apoyo de quienes viven en el territorio. Por ello, el plan de suplementación del tapir prioriza la participación de las comunidades locales, promoviendo la educación ambiental y explorando oportunidades de desarrollo vinculadas al turismo de naturaleza. La visión es articular la protección de la fauna autóctona con el fortalecimiento de las economías regionales.
Este enfoque holístico, que integra ecología, biodiversidad y desarrollo comunitario, no es fruto del azar. Es el resultado directo de una visión política clara y una voluntad gubernamental que busca posicionar a Jujuy a la vanguardia de la gestión ambiental.
La visión política y el llamado a la acción ciudadana

Las acciones descritas no son eventos aislados, sino la manifestación de una política ambiental provincial coherente y de largo plazo. Liderada por el Ministerio de Ambiente y Cambio Climático, esta visión busca posicionar a Jujuy como un actor protagónico en la búsqueda de soluciones. Estas iniciativas son la respuesta local a desafíos globales como la pérdida de biodiversidad, abordando directamente las amenazas que llevaron a la necesidad de rescatar animales como los loros habladores, víctimas del tráfico ilegal, y a la urgencia de restaurar ecosistemas degradados.
La ministra María Inés Zigarán ha sido la encargada de articular esta visión. En sus declaraciones, contextualiza el trabajo diario y los proyectos estratégicos dentro de un marco de urgencia y responsabilidad. La titular de la cartera ambiental destacó enfáticamente el trabajo de los profesionales del CAFAJu, reconociendo su dedicación «en un contexto global de crisis por pérdida de la biodiversidad, que provoca la extinción de cientos de miles de especies».
Para María Inés Zigarán, estas acciones tienen un profundo significado tanto ecológico como simbólico. Afirmó que «recuperar y liberar ejemplares de la fauna silvestre es también aportar para garantizar la recomposición del equilibrio de los ecosistemas a los cuales pertenecen y un gesto de paz con la naturaleza». Finalmente, la ministra extendió su agradecimiento a todos los involucrados, subrayando el valor de la cooperación: «Se trata de una cadena donde cada eslabón aporta una acción y un gesto valioso, pensando en el bienestar de las especies silvestres».
El agradecimiento de la ministra María Inés Zigarán resalta un punto crucial: la conservación de la fauna autóctona no es una tarea exclusiva del gobierno. El éxito depende de una cadena de colaboración en la que cada ciudadano es un eslabón indispensable. La participación activa de la sociedad civil es fundamental para combatir las amenazas que enfrenta la biodiversidad de Jujuy.
Por ello, el Ministerio de Ambiente y Cambio Climático mantiene abierto un canal directo para que los ciudadanos puedan ser parte activa de la solución. Para denunciar situaciones de tráfico, caza furtiva, comercialización, tenencia, maltrato, mascotismo y domesticación de fauna silvestre, cualquier persona puede y debe comunicarse con el CAFAJu al siguiente número de teléfono: 3884409250. Cada llamada es una oportunidad para iniciar la cadena de rescate y dar un paso más en la protección del invaluable patrimonio natural de Jujuy.
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