La empresa adquirió el fondo de comercio de Dulces Otito, la histórica firma jujeña con más de siete décadas de trayectoria en la producción de dulces artesanales, conservas y mermeladas. La operación, notificada formalmente ante la Comisión Nacional de Valores (CNV) el lunes 30 de marzo de 2026, se enmarca en la estrategia de expansión y fortalecimiento del negocio de la sociedad dentro del sector alimenticio.
El acuerdo entre estas dos empresas familiares del norte argentino redefine el mapa agroindustrial del NOA y abre una etapa inédita para una marca que durante cuatro generaciones fue gestionada por la familia Galli.
La operación que sacude al sector alimentario del norte argentino

La adquisición marca el encuentro entre dos compañías familiares con fuerte arraigo regional. Según el comunicado oficial difundido por Salvita, se trata de «una compra estratégica que preserva 70 años de tradición y abre nuevos horizontes». Entre los impactos más inmediatos y decisivos del acuerdo se destacan tres compromisos concretos: la continuidad laboral garantizada para la totalidad de los trabajadores de la planta ubicada en San Pedro de Jujuy, la modernización de las instalaciones productivas en territorio jujeño, y la ampliación de la oferta de productos con miras a consolidarse en góndolas nacionales y explorar mercados estratégicos internacionales.
Los Muñoz ya operaban una planta de conservas automatizada desde 2018 y su especialidad es tomar la materia prima del campo —tomate, pimiento, frutas— y llevarla a la góndola con marca propia. La incorporación de Dulces Otito profundiza esa lógica de integración vertical total que distingue al grupo agroindustrial salteño.
Otito: más de 70 años de historia y arraigo afectivo en Jujuy

Dulces Otito tiene sus raíces en 1946, cuando Alberto Galli inició el cultivo de frutas en Yala, en los valles de Jujuy. La marca fue fundada formalmente en 1954 y atravesó décadas de transformaciones productivas que consolidaron su identidad regional. En 1963 trasladó su planta al barrio Almirante Brown en la capital jujeña; en 1971 incorporó la producción de conservas de tomate ante la creciente demanda; y en 2002 unificó toda su operación industrial en San Pedro de Jujuy.
La empresa no solo sobrevivió a la crisis de 1988 —cuando fue vendida a un supermercado y luego recuperada por Elías Galli en 1998— sino que construyó un vínculo emocional poderoso con generaciones de consumidores del noroeste argentino. Sus productos, que van desde el dulce de batata y las jaleas hasta los almíbares y las conservas de tomate, son referentes en hogares de Jujuy, Salta, Tucumán, Chaco, Misiones, Formosa y Buenos Aires. En Buenos Aires tenía demanda gourmet y en el noroeste con pedidos de conservas y dulces tradicionales.
Santiago Galli, bisnieto del fundador y última generación de la familia al frente de la marca, había impulsado la transformación digital de Otito, llevando a la empresa de una web estática hacia plataformas como Facebook e Instagram. «En Instagram recibimos muchas idas y vueltas con los clientes, toca mucho lo afectivo que tiene la gente sobre nuestros productos», señaló Santiago Galli. Esa identidad emocional es, precisamente, uno de los activos más valiosos que hereda Salvita con esta adquisición.
El propio carácter artesanal del proceso productivo fue siempre una marca registrada de Otito. «Mi abuelo (Elías) caminaba por toda la fábrica y probaba los dulces. Sabía el punto perfecto con sólo sentir el gusto», recordó Santiago Galli, describiendo un control de calidad sensorial que la empresa ahora deberá preservar bajo su nueva conducción industrial.
Salvita: el gigante agroindustrial que llegó desde Almería para dominar el NOA

La historia de Hijos de Salvador Muñoz S.A. es, en sí misma, una de las sagas empresariales más extraordinarias del norte argentino. La actividad de la familia Muñoz se remonta a la década del 20, cuando Salvador Muñoz Molina, inmigrante de la región de Almería (España), inició en el norte de la Argentina la comercialización hortícola. Tres generaciones después, la empresa con sede en Villa San Lorenzo, Salta, se convirtió en un coloso con presencia en múltiples segmentos del sector alimenticio.
En la actualidad, la empresa es el primer exportador de porotos del país, con más de 28.000 hectáreas bajo explotación. Llevan invertidos más de u$s6 millones para competir con la banana importada, logrando una calidad premium en el norte salteño. Sus divisiones de negocio abarcan hortalizas frescas, legumbres, bananas, cereales, ganadería con feedlot de alta tecnología e industria aceitera. La empresa emplea en promedio a 1.200 personas por año y gestiona más de 37.000 hectáreas cultivadas, de las cuales 20.000 son propias y 17.000 arrendadas.
En términos de solidez financiera, Salvita posee un Programa Global de Obligaciones Negociables por hasta US$ 50 millones, autorizado por la CNV, y cuenta con una calificación crediticia «A(arg)» con perspectiva estable otorgada por FIX SCR en septiembre de 2024. La empresa está certificada como MiPyME Tramo 1 del Sector Industria y opera bajo estrictos marcos de cumplimiento regulatorio ante la Unidad de Información Financiera (UIF).
Sinergia estratégica: tradición y músculo industrial, una alianza inevitable

La operación, según lo informado por la propia firma compradora ante la CNV, «consolida una sinergia clave: la tradición y el compromiso con la calidad que caracteriza a Otito desde 1950, potenciado por la experiencia operativa y capacidad de escalamiento de Salvita». El acuerdo plantea un esquema donde cada parte aporta lo que la otra necesita: Otito suma su receta centenaria, su valor afectivo y su posicionamiento artesanal; Salvita agrega su musculatura financiera, su logística integrada, su tecnología industrial y su red de distribución hacia Europa, Asia y África.
La operación genera beneficios concretos: continuidad laboral garantizada para todos los colaboradores, modernización de las instalaciones productivas en Jujuy, ampliación de la oferta de productos y consolidación en góndolas argentinas, con análisis de expansión a mercados estratégicos.
El desafío central que enfrenta Hijos de Salvador Muñoz S.A. es preservar el alma artesanal de Otito mientras escala su producción con tecnología de punta. La sinergia entre tradición y capacidad industrial permitirá potenciar la marca, aseguraron desde la empresa salteña. El paso del «punto perfecto» catado por el abuelo Elías Galli hacia una producción monitoreada por drones y robótica representa el núcleo de una tensión que definirá el éxito real de esta fusión.
Jujuy como polo productivo: el compromiso que la compra debe sostener

Uno de los aspectos más críticos para la comunidad productiva jujeña es la garantía de que la planta de San Pedro de Jujuy no será deslocalizada ni reducida. Salvita confirmó públicamente que la producción seguirá en suelo jujeño y que el personal será preservado en su totalidad. Este compromiso adquiere relevancia en un contexto donde la absorción de marcas regionales por grandes grupos industriales suele derivar en cierres de plantas y pérdida de puestos de trabajo locales.
Como informó El Tribuno de Jujuy, el sector alimenticio de Jujuy se prepara para una etapa de renovación que busca posicionar los sabores del norte en lo más alto del mercado nacional y global.
La pregunta que subyace a esta operación —y que recoge La Voz de Jujuy— es si una marca profundamente identitaria puede mantener su esencia cuando cambia de manos. El traspaso deja una pregunta latente en el entramado productivo local: ¿qué sucede cuando una marca identitaria cambia de manos? La respuesta, en el caso de Dulces Otito, la darán las góndolas, los consumidores y el tiempo.

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