Las zapatillas adidas que hoy se ven en los pies de millones de personas —en las canchas de fútbol de Jujuy, en los pasillos del mercado o en las veredas del centro— tienen un origen que pocos conocen: una pequeña lavandería en Alemania, el sueño obstinado de un joven zapatero y una historia familiar llena de pasión, guerra y rivalidad. Todo comenzó con Adolf «Adi» Dassler y su hermano Rudolf, quienes soñaban con crear el calzado deportivo más ligero y funcional para los atletas del mundo.
El sueño nació en una lavandería

En 1920, junto a su hermano Rudolf, Adi comenzó a fabricar zapatos deportivos en el lavadero de su madre. Adi era el experto en diseño y desarrollo de productos, mientras que Rudolf tenía más aptitudes para las ventas y los negocios. No había grandes inversiones ni maquinaria sofisticada. Solo había voluntad, ingenio y una convicción clara: los deportistas merecían un calzado a la altura de su esfuerzo.
En 1924, su hermano Rudolf se unió al proyecto y juntos fundaron la «Fábrica de Zapatos Hermanos Dassler». Poco tiempo después, la compañía revolucionó el calzado deportivo con la creación de los primeros zapatos con clavos de goma en 1925, lo que supuso un avance significativo en el rendimiento de los corredores.
Lo que parecía un pequeño taller familiar fue ganando fama. A principios de la década de 1930, la empresa fabricaba 30 marcas de calzado para 11 deportes diferentes y contaba con una planta de casi 100 empleados. El sueño estaba tomando forma.
El momento que cambió todo: Jesse Owens en Berlín 1936

Si hay un instante que define el ADN de Adidas, ese es el de los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. El mundo estaba bajo la sombra del nazismo, y en ese contexto cargado de tensión política, Adi Dassler hizo algo audaz. Tuvo la audacia de ofrecer sus zapatillas deportivas a Jesse Owens, un atleta afroamericano, en pleno auge del nazismo. Owens ganó cuatro medallas de oro usando las zapatillas de los Dassler, catapultando la reputación de la marca a nivel internacional.
Ese gesto —que iba a contramano del régimen— fue también una declaración: el calzado Dassler era para todos los atletas, sin importar su origen. Una apuesta que le costaba osadía pero que ganó historia.
La guerra fratricida que parió a dos gigantes

La Segunda Guerra Mundial no solo devastó Europa. También rompió para siempre la relación entre los hermanos Dassler. Los recelos y las tensiones los separaron definitivamente en 1948. La solución fue repartirse los empleados y crear dos nuevas marcas: Adolf fundó Adidas —combinando su apodo «Adi» con las primeras letras de su apellido «Das»— mientras que Rudolf optó por Puma.
El primer nombre elegido por Adi fue «addas», pero la oficina de registros encontró que era demasiado parecido al de otra empresa de calzado infantil. Adi tuvo que añadir una «i» y así nació adidas, el 18 de agosto de 1949.
Ese día, a orillas del río Aurach en Herzogenaurach, dos fábricas separadas por apenas 500 metros comenzaron una de las rivalidades comerciales más icónicas de la historia del deporte mundial. La guerra entre hermanos se transformó en una guerra de mercado que benefició a millones de consumidores.
Las tres rayas que conquistaron el mundo
Uno de los elementos más reconocibles de Adidas es su logo: las famosas tres rayas. Con el nacimiento de la marca, se patentó el ahora famoso logotipo de tres bandas. Se dice que cada franja representa a cada uno de sus tres hijos. Sea cierto o no, esas tres rayas se convirtieron en sinónimo de calidad deportiva en todo el planeta.
Durante los años 50, Adidas desarrolló zapatillas para carreras de velocidad que batieron récords mundiales y los primeros botines diseñados con suela de nylon, lo que generó un impacto inmediato en el rendimiento deportivo. La innovación no paraba.
En 1960, en los Juegos Olímpicos de Roma, el 75% de todos los atletas usaban calzado de la marca Adidas. En 1963 comenzó la producción de balones Adidas, y desde 1970, el balón oficial en todos los eventos de fútbol más importantes ha sido un producto de la marca.
Del deporte a la cultura pop

La historia de Adidas no termina en las pistas de atletismo ni en los estadios de fútbol. La marca cruzó fronteras hacia la música, la moda y la cultura urbana. En los 80, el grupo de hip-hop Run-D.M.C. popularizó el estilo Adidas, llevando las tres rayas desde las canchas hasta las calles y los escenarios.
Hoy, Adidas está dividida en seis líneas: Adidas Originals, Adidas Performance, Adidas Style, Adidas Golf, Adidas Neo Label y Adidas Skateboarding, abarcando desde el deportista de élite hasta el joven que busca estilo urbano en las calles de cualquier ciudad del mundo —incluyendo las de Jujuy.
Un legado que sigue corriendo

En 2021, Adidas reportó ventas globales por 22.400 millones de dólares, posicionándose como la segunda mayor compañía de ropa y calzado deportivo del mundo y la más grande de Europa. Hoy, con más de 1.000 tiendas, Adidas no solo es un gigante en la industria deportiva, sino también un símbolo de la cultura pop a nivel global.
Con ingresos que superan los 14.500 millones de dólares y cerca de 60.000 empleados en todo el mundo, la marca tiene un valor de 6.800 millones de dólares, convirtiéndola en la segunda marca más valiosa entre las corporaciones deportivas, solo detrás de Nike.
Desde aquel lavadero en Herzogenaurach hasta los pies de quienes caminan hoy por la Peatonal Belgrano en Jujuy, Adidas recorrió un camino de más de un siglo impulsado por la misma fuerza que movió a Adi Dassler desde el primer día: la convicción de que un buen par de zapatillas puede cambiar el rendimiento de un atleta —y, de paso, la historia del mundo.

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