En un giro administrativo que busca amalgamar la vanguardia tecnológica con la sostenibilidad financiera del sistema de identidad nacional, el Gobierno de la República Argentina ha oficializado una reestructuración integral de los aranceles para la obtención de documentación oficial. Mediante la publicación de la Resolución 19/2026 y la Disposición 106/2026 en el Boletín Oficial, el Ministerio del Interior estableció un nuevo cuadro tarifario que entrará en vigor el próximo 6 de marzo de 2026.
Esta normativa no solo actualiza los valores del DNI y el pasaporte, sino que también deja sin efecto artículos de las Resoluciones 93/2025 y 231/2025, marcando una transición definitiva hacia el nuevo DNI electrónico. Con un aumento que alcanza el 33% para el documento de identidad y el 42.8% para el de viaje, la medida se presenta como un paso necesario para financiar los estándares internacionales de seguridad exigidos por la OACI.
El siguiente análisis desglosa el impacto de estas tarifas, las innovaciones en el soporte de policarbonato y la brecha entre la eficiencia digital prometida y la realidad operativa en las provincias.
Nuevo cuadro tarifario: DNI y pasaporte regular

El Ministerio del Interior ha fundamentado esta actualización bajo el imperativo de «sostener la eficiente prestación de todos los servicios brindados» por el Registro Nacional de las Personas (Renaper). En la práctica, el ajuste busca compensar el incremento en los costos de los insumos internacionales y la complejidad técnica que demanda la incorporación de un chip inteligente en cada ejemplar. Bajo este nuevo esquema, el acceso a la identidad básica y a los documentos de viaje internacionales presenta los siguientes valores de referencia:
- DNI regular (incluye primer ejemplar, actualizaciones de 5/8 y 14 años, y cambios de domicilio): $10.000.
- DNI para extranjeros (tanto para ciudadanos del MERCOSUR como de otros Estados): $20.000.
- Pasaporte ordinario de entrega regular (incluye a apátridas y refugiados): $100.000.
- Certificación de datos personales o domicilio: $8.000.
- Autorización de viaje al exterior para menores de edad: $30.000.
Es pertinente subrayar que la vigencia de estos soportes documentales se mantiene bajo los estándares vigentes. Como bien detalla el diario Página|12: «El pasaporte argentino tiene validez por 10 años desde la fecha de emisión para mayores de 18 años y de 5 para los menores». En el caso del DNI, para los ciudadanos mayores de 14 años, la validez se extiende hasta los 15 años. No obstante, para aquellos que enfrentan una necesidad de viaje inminente o una urgencia administrativa, el sistema ofrece canales que priorizan la celeridad a cambio de una carga económica significativamente superior.
Trámites de emergencia y modalidades urgentes

La arquitectura tarifaria del Renaper establece una clara distinción entre el servicio estándar y los trámites de «celeridad garantizada». Esta diferenciación técnica y logística implica un desafío económico para el ciudadano, ya que el diferencial de costos puede triplicar el valor del trámite base. El Estado justifica estos montos en la necesidad de mantener guardias operativas en aeropuertos y centros de impresión que trabajan bajo la modalidad «on-demand».
Para el DNI, las variantes de urgencia se presentan bajo los siguientes montos:
- DNI exprés: Con un adicional de 16.000, el costo total se fija en 26.000.
- DNI 24 horas: Se retira en la oficina de origen y alcanza un valor de $41.000.
- DNI al instante: El servicio más rápido, disponible en centros seleccionados, escala hasta los $57.000.
En la categoría de documentos de viaje, el pasaporte de emergencia representa el desembolso más alto de la administración pública. El pasaporte exprés requiere un pago total de 200.000, mientras que la modalidad de resolución inmediata asciende a los 330.000. Al respecto de la experiencia de gestión, el medio TN resalta que «El trámite dura 15 minutos aproximadamente», lo cual evidencia que la inversión extra del ciudadano se traduce exclusivamente en el ahorro de tiempo de procesamiento. Esta estructura arancelaria genera una fricción socioeconómica evidente, donde el derecho a la movilidad internacional rápida queda condicionado a la capacidad de pago del usuario, derivando en una exclusión de facto para los sectores de ingresos medios y bajos que no pueden afrontar el aumento.
Exenciones y el rol de la Ley de los 1000 Días
Para mitigar el impacto del aumento en los sectores más desfavorecidos, la Resolución 19/2026 ratifica la protección de los derechos de identidad mediante un sistema de gratuidad selectiva. La pieza angular de esta política es la Ley de los 1000 Días (Ley 27.611), que garantiza que el primer DNI para recién nacidos sea gratuito hasta los seis meses de vida.
Esta faceta de la normativa representa una modernización del Estado de bienestar, donde el Renaper ha abandonado el sistema de encuestas de pobreza manuales por un cruce sistémico de información. Como informa El Cronista, «El sistema del RENAPER realiza un cruce de datos automático con ANSES al momento de iniciar la gestión». Esta integración permite que los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Asignación Universal por Embarazo (AUE) reciban una boleta de pago con importe $0 de forma inmediata.
Asimismo, la gratuidad se extiende a los trámites de cambio de género, rectificación de nombre de pila y clasificación de género «X», amparando así el derecho a la identidad de género sin barreras económicas. Sin embargo, para que esta inclusión sea efectiva, el Estado requiere que el soporte físico sea lo suficientemente robusto para evitar renovaciones constantes por deterioro.
Innovación tecnológica: el nuevo DNI electrónico

La transición hacia el nuevo DNI electrónico (eMRTD) es el argumento central detrás del ajuste de aranceles. Abandonando el tradicional soporte de teslin, Argentina adopta el policarbonato, un material cuya durabilidad es sensiblemente superior, ya que no se dobla, no se rompe y permite que la información sea grabada mediante láser, fundiéndose con las capas del plástico.
Este documento incorpora un chip contactless y tecnología NFC, alineándose con las normativas 9303 de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI/ICAO). La seguridad se estructura en tres niveles técnicos definidos por Argentina.gob.ar:
- Nivel 1 (Visible): Diseños guilloché de líneas entrelazadas matemáticas y tintas de alta resolución que cambian de color por inclinación (OVI).
- Nivel 2 (Encubierto): Uso de microtexto y tintas reactivas a la luz ultravioleta, diseñado para ser verificado por bancos y fuerzas de seguridad con herramientas básicas.
- Nivel 3 (Forense): Características criptográficas y de micrograbado que solo pueden ser autenticadas en laboratorios especializados mediante el uso de un espectrómetro o microscopios de alta precisión para detectar alteraciones moleculares en el policarbonato.
El Ministerio del Interior ha sido enfático al aclarar que los documentos actuales siguen siendo válidos y que el cambio al formato con chip es voluntario. No obstante, la promesa de una identidad digital infalible se topa de frente con la capacidad de respuesta de los centros de emisión provinciales.
Realidad operativa: demoras y quejas
A pesar del despliegue tecnológico anunciado por el Renaper, la experiencia cotidiana en las oficinas de registro civil revela una preocupante disociación entre la norma y la práctica. Mientras el sistema digital de turnos y el cruce con ANSES funcionan con relativa agilidad, la logística de distribución física del documento nacional atraviesa una crisis de plazos que afecta a miles de ciudadanos.
Gonzalo Barrera, director del Registro Civil de La Rioja, brindó un crudo panorama sobre la situación territorial. En declaraciones a Rioja Virtual, el funcionario fue tajante: «Hay muchas quejas por estas demoras, encima ahora empeoró esa situación». Barrera advirtió que los plazos de entrega del DNI regular, que idealmente no deberían superar los 15 días, se están extendiendo en algunos casos hasta los seis meses.
Esta demora crítica pone en tela de juicio la «prestación eficiente» que justifica el aumento. Para un ciudadano que ha abonado las nuevas tarifas, la espera de medio año para obtener su identificación física —indispensable para trámites notariales, bancarios y de salud— constituye un obstáculo administrativo que la tecnología del chip aún no ha logrado resolver. En consecuencia, la planificación de los trámites se vuelve una tarea de supervivencia burocrática, obligando a los usuarios a evaluar si pueden permitirse el sobrecosto de las modalidades exprés para evitar una espera que hoy parece no tener fin.

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