Tener un buen par de zapatillas new balance es una inversión que vale la pena proteger. Porque seamos honestos: ¿cuántas veces compramos un par que nos encanta y a los pocos meses ya parece que tiene diez años de uso? La buena noticia es que cuidar tus zapatillas no requiere ni tiempo ni dinero de más. Solo hace falta saber cómo hacerlo.
Limpieza: el primer paso para que duren más

La limpieza regular es, sin dudas, el secreto mejor guardado de las zapatillas que siempre lucen impecables. No esperes a que estén cubiertas de barro para ocuparte de ellas.
Lo primero que hay que hacer es quitar el polvo y la suciedad superficial con un cepillo de cerdas suaves o incluso un trapo seco. Este hábito simple, hecho cada vez que las usás, puede hacer una diferencia enorme a largo plazo.
Cuando sea necesaria una limpieza más profunda, lo mejor es usar agua tibia con un poco de jabón neutro o jabón para lavar ropa. Con un cepillo de dientes viejo podés limpiar con suavidad la suela y los laterales. Para la parte superior —la capellada, como se le dice técnicamente—, un paño húmedo suele ser suficiente.
Eso sí, hay algo fundamental que nunca hay que hacer: meter las zapatillas a la lavarropas sin control. Aunque muchas marcas indican que sus modelos son lavables a máquina, el calor y el movimiento brusco del centrifugado dañan el pegamento interno y deforman la suela. Si necesitás lavarlas en máquina, usá agua fría, programa delicado y metelas dentro de una bolsa de lavarropas.
El secado importa (y mucho)

Después de limpiarlas, el secado correcto es tan importante como la limpieza misma. El error más común es dejarlas al sol directo o acercarlas a una estufa. El calor extremo reseca los materiales, agrieta el cuero sintético y hasta puede separar la suela del cuerpo de la zapatilla.
Lo ideal es secarlas a la sombra, con buena ventilación, y si podés, rellená el interior con papel de diario o papel absorbente. Esto ayuda a que mantengan su forma mientras se secan y, de paso, absorbe la humedad interior más rápido.
Nunca guardes las zapatillas húmedas. Eso genera mal olor, hongos y deterioro del material desde adentro.
Cómo guardarlas correctamente
Guardar bien las zapatillas es otro punto que se subestima. Si las tirás en el fondo del placard amontonadas, no te sorprendas cuando las saques deformadas o con manchas extrañas.
Lo más recomendable es guardarlas en sus cajas originales o en bolsas de tela transpirable. Así se protegen del polvo sin acumular humedad. Si querés que conserven su forma, podés usar bloques de madera para zapatillas —que se consiguen baratos en ferreterías— o simplemente rellenarlas con papel arrugado.
Otro punto clave: no apilar un par sobre otro. El peso deforma la suela y arruga la parte superior con el tiempo.
Protección preventiva: el paso que casi nadie da

¿Sabías que existen sprays impermeabilizantes especialmente diseñados para zapatillas? Aplicar uno de estos productos cuando el par es nuevo —o recién limpio— crea una barrera que repele el agua, el barro y las manchas antes de que penetren el material.
No importa si tus zapatillas son de tela, cuero, cuero sintético o malla: hay versiones del producto para cada tipo. Una aplicación cada dos o tres semanas suele ser suficiente para mantener la protección activa.
También es útil usar plantillas reemplazables dentro de las zapatillas. Además de dar más comodidad, absorben el sudor y los olores, y se pueden cambiar sin que el interior de la zapatilla se deteriore.
Rotación y uso inteligente

Uno de los mejores cuidados para cualquier par de zapatillas es, paradójicamente, no usarlas todos los días. Tener dos o tres pares en rotación le da tiempo al material de recuperarse entre usos, especialmente a la espuma de la suela, que necesita descomprimirse después de una jornada de uso.
Además, es importante usar cada zapatilla para lo que fue diseñada. Un modelo de running tiene una suela pensada para el impacto repetido de la carrera, no para usarse a diario en la ciudad. Usar las zapatillas para actividades para las que no fueron diseñadas las desgasta mucho más rápido.
Pequeños detalles que hacen grande la diferencia

Hay algunos hábitos simples que marcan la diferencia entre un par que dura dos años y uno que dura seis meses:
- Atarse bien los cordones antes de ponérselas y sacárselas aflojando el nudo evita deformar el talón.
- Limpiar los cordones por separado, a mano, cada vez que lavás las zapatillas.
- Revisar la suela periódicamente: si notan desgaste en una zona puntual, puede ser señal de que necesitás una nueva plantilla o incluso revisar tu pisada con un especialista.
- No dejar las zapatillas en el baúl del auto por períodos largos: el calor acumulado en un espacio cerrado es uno de los peores enemigos de los materiales sintéticos.
Cuidar tus zapatillas no es ningún misterio. Con limpieza regular, secado correcto, buen almacenamiento y algo de prevención, cualquier par puede rendir el doble de lo esperado. Y si encima elegís calidad desde el inicio, el resultado está prácticamente garantizado.

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